El momento del baño no solo sirve para mantener limpio el pelaje de tu mascota, sino también para fortalecer el vínculo que tienes con ella. Con paciencia y las herramientas adecuadas, puede convertirse en una rutina agradable y relajante tanto para ti como para tu peludo.
Antes de comenzar, asegúrate de preparar todo lo necesario: una toalla grande, un cepillo, un champú específico para su tipo de piel y pelo, y un secador de aire templado. Evita el agua demasiado caliente o fría, ya que puede incomodar o asustar al animal. Si tu mascota es nerviosa, es buena idea dejar que explore la bañera o el espacio antes de empezar, para que se sienta segura.
Durante el baño, moja su cuerpo poco a poco, empezando por las patas y evitando la cabeza. El rostro puedes limpiarlo con una toallita húmeda o un paño suave. Masajea el champú con movimientos circulares, aprovechando para revisar si hay parásitos, irritaciones o enredos.
Tras aclarar bien, sécalo cuidadosamente. Usa una toalla para retirar el exceso de agua y, si usas secador, mantenlo a una distancia prudente para no quemar la piel. Finaliza con caricias o un premio: así asociará el baño con una experiencia positiva.
💡 Consejo iVet: La frecuencia del baño depende del tipo de pelo y estilo de vida de tu mascota. Los perros de pelo corto pueden bañarse cada 4 a 6 semanas, mientras que los de pelo largo o los gatos de interior pueden requerir cuidados distintos. Consulta con tu veterinario para encontrar la rutina ideal.
